Esta pluma no sabe de palabras de adiós.
Tendría que aprender a escribirlas,
suavemente,
depositarlas, con mimo, sobre el hielo
de nuestro nuevo lago helado que volcán fue
Las insuflaría con templado aliento
y se deslizarían eternamente por el hielo
serpenteando entre los sentimientos ya ausentes
o los recuerdos dulces que brotan aún cálidos...
Pluma perezosa y torpe...
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