El Paracetamol no le gustaba.
No, no me curó con Paracetamol.
Sino con tiritas.
En realidad, llevaba un paquete de tiritas en el bolsillo.
Las fue usando con todos los rasguños
que me había hecho al rozarme con zarzas varias del camino.
Me las curó una a una.
Primero las de fuera y luego las de dentro.
Después me dio brillo. Y me dejó reluciente y como nueva.
Eran tiritas normales y él, un hombre normal...