Los chupas me los compré en la primera gasolinera española donde reposté un gasóleo cada vez más caro. Hacía años que no los probaba. Chupas de fresa, enormes, con chicle dentro y puro azúcar. Y de repente me acuerdo de tí. No sé si ha sido el roce de mis muslos al embragar y desembragar o Manolo Garcia cantando: "... que culpa tengo de que seas tan fiera.." No sé.
Quizás haya sido, simplemente, la forma de este chupa chups que saboreo, con él que juego como jugaría contigo: despacio y suave o rápido y fuerte, según me apetezca, según te apetezca. Me estiro desde la punta de los dedos de los pies a los dedos de la mano. Un placer sencillo e instantáneo por adelantado.
Corro, me acelero en la noche de esta autopista vacía que ya me conozco, la que me lleva hacia ti, con el coche lleno de chuches y la cabeza llena de... malos pensamientos. ¡Muy, muy malos!



